“Recuerdo que en una entrevista de trabajo me preguntaron si era capaz de llevar un café”

Ana Puertas Montesinos (Elche, 1988) es la CEO & Cofundadora de la empresa ‘Disabled Park S.L.‘, un proyecto que surge “de la propia necesidad” para ayudar a personas con movilidad reducida a encontrar plazas de aparcamiento adaptadas en su ciudad. La empresa, que comenzó su andadura en 2012,  ha conseguido ganar diversos galardones; entre ellos: el ‘Premio Desafío Mazda‘, el ‘Premio Startup4cities 2014′ y el ‘Premio Francisco Carreño Castilla de la UMH‘, entre otros. Sin embargo, no ha sido fácil conseguirlo, ya que la startup ha tenido que lidiar con diversos problemas informáticos y financieros a lo largo de su trayectoria. Puertas es un ejemplo de mujer emprendedora y luchadora, que trabaja diariamente por romper las barreras físicas y psicológicas que todavía existen entorno a la discapacidad.

Pregunta: ‘Disabled Park’ es una aplicación que ofrece información exacta sobre la ubicación de plazas de aparcamiento para personas con movilidad reducida, ¿cómo surge esta iniciativa?

Respuesta: Hace unos años, mi compañera y yo fuimos a un evento para emprendedores en Alicante. Teníamos la certeza de que al llegar habría cerca una plaza adaptada libre. Sin embargo, estaba ocupada por una persona sin tarjeta. Después, decidimos ir a un parking cercano. Pero para nuestra sorpresa cuando ya estábamos ahí, nos dimos cuenta de que no había ascensor para subir. Así que, tuvimos que paralizar a todo el tráfico del aparcamiento para que yo pudiera salir por la rampa de los coches. Ahí fue cuando pensamos que una persona que no fuera de la ciudad tendría serios problemas para encontrar sitios adaptados, y que sería buena idea crear una plataforma que diera información sobre la ubicación de las plazas de aparcamiento de las ciudad. Desde entonces, no he vuelto a ir a ese aparcamiento, pero me han dicho que ahora tiene ascensor y que está adaptado.

P: ¿Cómo fueron los inicios del proyecto?

R: Al principio, queríamos instalar una máquina en los aparcamientos que fuera capaz de detectar si había o no un coche aparcado, pero como éramos estudiantes el precio se nos iba un poco de las manos. Después, también tuvimos problemas para crear la aplicación porque ninguno teníamos conocimientos suficientes para hacerla. Yo estudié Recursos Humanos y Relaciones Laborales; mi compañera Olga, Derecho; y mi compañero Javi, ADE. Así que, a través de unos amigos, contactamos con una empresa que se dedicaba a crear aplicaciones, y que además aceptó nuestra forma de pago. Todos los premios que ganábamos por la idea iban destinados a financiar la app.

P: ¿Tuvisteis muchos problemas para lanzar la aplicación?

R: La empresa que contratamos para que nos hiciera la aplicación nos engañó. Se suponía que era una empresa profesional, y después nos enteramos de que la única experiencia que tenía con la creación de aplicaciones fue la nuestra. ‘Disabled Park’ fue “toqueteada” por muchas manos; gente que iba y venía de la empresa, como becarios. Nosotros queríamos modificar la app, arreglar todo aquello que no funcionaba correctamente, pero cuando la llevábamos a otros informáticos, ellos no sabían como modificar los códigos que habían sido puestos. Tanta gente había “metido mano” en la aplicación que el código original se encontraba bajo un montón de cosas que no servían para nada. Devolvimos la app a la empresa inicial para que nos corrigieran todos estos fallos, pero pasaban de nosotros y se “hacían los locos“, así que decidimos darles un tiempo límite para que nos la arreglasen. Actualmente, todavía estamos trabajando con ellos, pero porque nos obliga un acuerdo de seis meses que tenemos firmado.

P: ‘Disabled Park’ ofrece un servicio de “apadrinamiento” a todas aquellas empresas que quieran colaborar en el proyecto, ¿podría explicarnos en qué consiste?

R: Es un servicio de publicidad diferente. Los padrinos colaboran con nosotros por un precio simbólico anual, y a cambio, nosotros personalizamos su plaza. Pueden elegir y poner el nombre de su empresa, el logo o incluso la dirección de la misma, y no es necesario que las plazas se encuentren cerca del lugar donde se localiza el negocio. El servicio de padrinos también está disponible para particulares; quien quiera puede hacerlo, y por ejemplo poner el nombre de su madre en la plaza de aparcamiento. Ellos nos ayudan a financiar de alguna forma la app, y nosotros a cambio hacemos que la gente conozca su negocio, pero sin llegar a bombardear a los usuarios demasiado con la publicidad.

P: Hace unos días, el Congreso de los Diputados y las calles de Madrid se llenaban de gente reivindicándose contra la falta de accesibilidad que hay en las ciudades, ¿alguna vez ha sufrido las consecuencias de estas barreras arquitectónicas?

R: Cuando era pequeña e iba al colegio, nuestro centro tenía ascensor, pero nunca funcionaba porque era muy caro. Así que desde los tres a los once años nos tenían a todos los alumnos en la planta de abajo, compartíamos clase con los más pequeños. Las madres de mis compañeros se quejaban de esta situación, les parecía injusto que sus hijos tuvieran que estar en clase con los más pequeños. Así que, un año antes de que acabara la escuela nos trasladaron a todos los mayores a la planta de arriba. Yo soy capaz de subir escaleras, pero lo hago muy poquito a poco. Por lo tanto, los profesores me obligaban a entrar y salir de clase 15 minutos antes que el resto de mi compañeros con el fin de evitar algún tropiezo o empujón por las escaleras. Durante ese año no me dejaban bajar a jugar al recreo, y mis amigos se turnaban para hacerme compañía durante la hora del almuerzo.

P: ¿Ha cambiado la situación en cuanto a la falta de accesibilidad con respecto a años anteriores?

R: Ahora en mi piso también tengo problemas. Es cierto que hay ascensor, pero hasta llegar a él tengo que subir algunos escalones, y el edificio no dispone de rampa para hacerlo. Los vecinos refunfuñan, algunos no quieren poner dinero para arreglar la entrada. No entienden que es algo necesario, que no solo es algo que me beneficia a mi. Ahora todo debe estar adaptado, y además, nunca se sabe si el día de mañana tu madre se romperá una pierna y no podrá subir las escaleras.

Los edificios aún no están adaptados, si por ejemplo quiero bajar mi silla de motor, no puedo hacerlo sola. Necesito esperar a que venga mi padre o mi hermano para ayudarme. Eso para mi no es ser independiente, siempre necesitas algo o a alguien que te ayude.

P: ¿Qué cree que podría hacerse para luchar contra las barreras físicas de las ciudades?

R: Aún queda mucho por hacer, pero la mente de la gente está cambiando. Ahora cuando abres un negocio te obligan a instalar baños adaptados y rampas para poder entrar. Sin embargo, lo más importante es concienciar a la gente de que todos somos iguales, de que estos problemas existen y de que hay que solucionarlos.

P: El pasado tres de diciembre fue el Día Internacional de las Personas con Diversidad Funcional, ¿cree que todavía existen prejuicios ante las personas con discapacidad?

R: Sí, muchísimos. Cuando hago alguna entrevista de trabajo, la gente todavía tiene miedo y se preguntan si podré hacer esto o lo otro. Al acabar, siempre me dicen que los he sorprendido, que ellos no esperaban que una persona con discapacidad fuera capaz de hacer tantas cosas. El problema es que nunca nos dan la oportunidad de demostrar que valemos lo mismo que cualquier otra persona, solo que cada uno tenemos unas capacidades diferentes.

Al final es cuestión de probar, pero como con cualquier otro empleado. Ver si una persona vale o no vale para el puesto, independientemente de que tenga o no discapacidad. Darle la oportunidad, como a cualquier otro trabajador, del periodo de prueba. Si lo pasa, adelante; y si no, pues a buscar a otra persona que ocupe el puesto.

Recuerdo una vez que fui a una entrevista de trabajo a una gran empresa internacional; y allí me preguntaron, si yo sería capaz de llevar un café. Intento tomarme con humor este tipo de cosas, pero no siempre es fácil. ¡Todavía queda mucho por hacer!

 

 

 

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