Los cuidadores informales suponen casi el cinco por ciento del PIB español

Según el informe “An Estimation of the Value of Informal Care Provided to Dependent People in Spain“, los cuidadores informales dedicaron más de 3.248,71 millones de horas a atender las necesidades de las personas dependientes en 2008. En España, esto supone entre el 2,1% y el 4,6% del Producto Interior Bruto (PIB) del país. Se estima que cuatro de cada cinco personas dependientes recibe la ayuda de un familiar. Esto choca bastante con el dinero que invierte el Estado en su sistema de atención a la dependencia, que está por debajo del 1% del PIB.

Los avances médicos y la mejora de la calidad de vida han supuesto el envejecimiento de la población española, así como en otras partes de Europa. Cada vez son más las personas que necesitan de la ayuda de un amigo o de un familiar para realizar las tareas cotidianas y llevar una vida con la mayor normalidad posible. Asimismo, no solo la población anciana hace uso de estos cuidados, sino que gran parte de las personas con diversidad funcional también requieren de la ayuda de una tercer persona.

Sin embargo, ¿qué sucede cuando se necesita la ayuda de un cuidador o cuidadora, pero no se tiene el dinero suficiente para costearlo?

Aquí es cuando toma importancia el concepto de cuidado informal. Es decir, hablamos de “aquella prestación de cuidados a personas dependientes por parte de familiares, amigos u otras personas, que no reciben retribución económica por la ayuda que ofrecen”.

Por lo tanto, no forman parte de este concepto los servicios formales (sanitarios o sociales), que son ejercidos por profesionales a cambio de una retribución económica, y aquellos cuidados que realizan personas no profesionales, pero que también reciben una remuneración por su trabajo.

En muchos casos, las familias tienen que hacerse cargo de las personas dependientes porque no tienen los recursos económicos necesarios para hacer frente a la contratación de un profesional o de una institución especializada.

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