La relación de las personas dependientes con las familias y otros cuidadores no formales

El cuidado es entendido como el “conjunto de todas aquellas actividades humanas físicas, mentales y emocionales dirigidas a mantener la salud y el bienestar del individuo, de manera que logre un nivel satisfactorio de la calidad de vida”.

Los familiares ocupan el lugar más destacado en el cuidado de las personas dependientes. Se espera que la relación entre el paciente y el cuidador aparezca de forma automática cuando ambos tienen una relación interpersonal. Los principales problemas que acarrea el cuidador principal son el aislamiento social, el abandono laboral, la depresión y la ansiedad. Por ello, es fundamental satisfacer las necesidades tanto de la persona dependiente como del cuidador. Pues, así se generará un mejor bienestar y una mayor calidad de vida. Se recomienda que el profesional o el cuidador principal conozca el entorno familiar. Así podrá reaccionar ante cualquier situación de crisis y conocerá el comportamiento de la familia en relación a la utilización de los recursos individuales y formales.

Existen diversos factores que facilitarán la intervención del cuidador principal. Estos consisten en facilitar el acceso del cuidador al apoyo tanto informal como al formal, la formación sobre el cuidado para cuidadores informales y formales no profesionales, facilitar el apoyo social y la integración, y proporcionar medidas para combatir el estrés, la ansiedad y el aislamiento social. En definitiva, hay que priorizar la ayuda en los cuidados a la persona dependiente, el soporte emocional, las prestaciones económicas y la liberación del tiempo de cuidados con centros de día y de respiro familiar.

En España, las unidades convivenciales están compuestas principalmente por diferentes tipos de familia. Estas se convierten en la unidad básica y en la principal red de apoyo psicosocial, sobre todo en situaciones de vejez, discapacidad y enfermedad. Cuando un miembro de la unidad convivencial presenta falta de autonomía en su vida diaria, la familia puede hacerse cargo de la situación de los cuidados, tanto en las demandas instrumentales como emocionales, o bien optar por contratar a un asistente personal profesional.

Cuando una persona ingresa en un centro residencial sufre un cambio brusco en su vida. Pues, cambia de domicilio, de relaciones, de entorno, etc. Por ello, la intervención del técnico no sólo irá dirigida al paciente, sino también a su familia. El dependiente pasará por un proceso de adaptación emocional, el técnico asistente y la familia juegan un papel fundamental en este proceso. Por ello, el técnico en atención a personas en situación de dependencia (TAPSD) y todo el equipo interdisciplinar del entorno residencial no deben olvidarse de la intervención con los familiares, tanto en el área psíquica como en el área social e interaccional.

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