La dependencia de las personas mayores

La Real Academia Española (RAE) define el término dependencia como la “situación de una persona que no puede valerse por sí misma”. La persona dependiente es quien depende de algo o de alguien. Este hecho está limitado y directamente relacionado con algún tipo de deterioro de salud, el cual dificulta o imposibilita la ejecución de ciertas tareas básicas e instrumentales. Un grupo de expertos del Consejo de Europa definieron, en 1997, la dependencia como el estado en el que se encuentran “aquellas personas que, por razones ligadas a la falta o a la pérdida de capacidad física, psíquica o intelectual, tienen necesidad de una asistencia y/o ayuda importante para la realización de las actividades de la vida diaria”.

El problema de dependencia aparece cuando alguien tiene dificultades para realizar algunas de las actividades anteriormente mencionadas. Para combatir este asunto hay que proporcionarle ayuda al dependiente y realizar con él todas las tareas cotidianas, con el fin de que sufra las menores alteraciones posibles causadas por este fenómeno.

Por otro lado, en el futuro se prevé que la demanda de cuidados por vejez será mucho más considerable, debido al incremento de la población mayor, que sitúa a España como uno de los países con el índice de envejecimiento más elevado del mundo. Además, hay que añadir que 1 de 4 personas mayores de 65 años presenta algún tipo de discapacidad relacionada con la movilidad. El aumento de la población mayor de 80 años provoca que el riesgo de dependencia sea aún mayor, ya que este grupo es el que concentra más problemas a la hora de realizar cualquier tipo de actividad cotidiana.

En cuanto al cuidado de las personas dependientes, el entorno familiar es el encargado de ejercer las jornadas de asistencia, en su mayoría. Este hecho se denomina como apoyo informal. El perfil del cuidador principal es el de una mujer de entre 45 y 65 años, que normalmente pertenece al entorno del paciente. Además, la gran característica de estos cuidados es que son de larga duración y muy prolongados en el tiempo, lo que acarrea lesiones y estrés en el cuidador. Obviamente, estas jornadas de cuidado sólo las pueden realizar personas que disponen de tiempo libre o se ven obligadas a abandonar sus respectivos trabajos, lo cual supone una gran modificación para la familia.

En definitiva, hay que concienciar a los jóvenes y trabajar muy de cerca con los dependientes, apoyándoles y ayudándoles a realizar todas aquellas actividades necesarias para el día a día. Todo ello, con el objetivo de que la dependencia no altere las vidas de estas personas.

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