Dos niños son discriminados en una escuela de verano en Mallorca

Dos niños son discriminados en una escuela de verano en Mallorca

Javi y Lucas solo podrán ir 15 días al mes a la escuela de verano, tras ir los dos últimos cursos con absoluta normalidad. Este año les han cambiado las condiciones de acceso simplemente por tener discapacidad. Se trata de una nueva normativa (decreto23/2018), que regula la actividad en el tiempo libre. La norma señala que, en caso de que haya niños con algún tipo de discapacidad y/o necesidad educativa especial, se tiene que añadir personal cualificado.

Casualmente, este nuevo decreto tiene el objetivo de mejorar la atención y los cuidados de los menores con discapacidad. Pero, realmente ha provocado todo lo contrario en la situación de Javi y Lucas. La ausencia de dotación económica ha causado que ni el centro educativo ni la empresa, que presta el servicio a la escoleta de verano, puedan asumir el coste que deriva esta nueva legislación.

Javier tiene autismo y un grado de discapacidad del 35%, mientras que Lucas tiene parálisis cerebral y su grado de discapacidad es del 90%. Según la nueva normativa, los estudiantes con un grado de discapacidad igual o superior al 75% deben tener a su disposición a una persona formada y cualificada, como mínimo. Para los grados de discapacidad de entre el 65% y el 74%, se debe contar con una persona para cada tres alumnos. En caso de que el grado de discapacidad esté entre el 33% y el 64%, se establece que haya una persona para cada 5 menores.

“Con estas nuevas ratios, para que los dos niños pudieran ir a la escoleta eran necesarios un mínimo de dos monitores. Pero la escoleta sólo dispone de uno. Así que enseguida nos movimos y hablamos con los responsables para intentar encontrar una solución”, narran las Nelia e Hilda, madres de Javi y Lucas.

Las madres de estos pequeños no se dieron por vencidas. Llamaron muchas puertas con un único objetivo: el reconocimiento de los derechos de sus hijos. “En el entorno de los niños, sólo hemos encontrado apoyo por parte del Consejo Escolar. Fuera de él, nos hemos sentido arropadas por la FAPA, el CERMI, el defensor del menor, así como la responsable de Servicios Sociales de nuestra zona que, pese a no podernos ayudar porque no era de su competencia, nos orientó e hizo todo tipo de llamadas para ayudarnos”, señalan Nelia e Hilda.

Finalmente, consiguieron contactar con el director de Juventud, que se comprometió a que haya subvenciones para cubrir este tipo de gastos para las escuelas de verano. Sin embargo, para este curso el tiempo ya se había echado encima. En la escoleta, las plazas se asignan por orden de llegada. De este modo, solo uno de los dos menores tendría plaza en el centro.

Solución acordada por las madres de ambos

La solución que han acordado ambas madres ha sido repartir los días del mes de julio, para que ambos niños puedan ir y disfrutar de la escoleta. Así, la primera quincena fue para Lucas y la segunda para Javier. Ambas madres han protagonizado una historia en la que se reflejan miles de familias. En este caso, es necesario recordar el artículo 30 de la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, que recoge que cualquier persona con discapacidad tiene derecho a participar en igualdad de condiciones en la vida cultural. Además, el texto señala que se debe asegurar que los niños y niñas con discapacidad tengan igual acceso que el resto de niños y niñas a la participación en actividades lúdicas, recreativas, de esparcimiento y deportivas.

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